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Terra
La Coctelera

Que se supone que hago despierta. Ahora entiendo por qué las cucarachas salen en la noche.

 

 

Ahora solo me quiero expresar pero en realidad lo quiero hacer conmigo misma porque sé que nadie me entiende ¡Carajo! Estoy sola, realmente sola, nadie comparte mis ideas ni me soporta más de media hora cuando empiezo a filosofar, hasta yo misma me aburro y entonces qué hago?? Nada, aburrirme más y ver los mismos estúpidos  programas de televisión hasta que mi reproductor de música me salva. Realmente no estoy de ánimo para escribir pero esto es mejor que esperar  a ir al psicólogo algún día porque no me soporte a mí misma y decida recibir su ayuda.

 

En realidad no sé qué quiero en esta etapa de mi vida, quiero dejar todos mis miedos atrás entregarme a la vida y a la vez cumplir mis sueños, relajarme, bailar con la vida pero sin excesos, el problema es saber diferenciar y decidir hasta donde quiero llegar.

Carta a Ana Frank

 

Querida Ana qué te puedo decir. leer tu diario fue una avenura, lo difruté pero no esperaba ese final tan inesperado para ti, los del anexo y por supuesto quienes leemos tu diario. No me arrepiento de haberlo leído pero no puedo evitar sentirme triste  y sola como tu te sentías. Lloré tu muerte  y sobretodo por la forma como ocurrió, nadie se lo merece, menos si lo que quieres es cumplir tus sueños. Quiero conocer tu casa, sé que voy a llorar como lo hice ahora que supe que en  el anexo hay un museo con tus cosas, pero quiero hacerte ese homenaje, ojalá se me cumpla el deseo.

Yo por mi parte voy a difundir tu mensaje, sé que a más de uno servirá. Gracias Ana, te quiero.

ok. fué politicamente incorrecto

pero, yo no quería tener sexo contigo. Sí, te llevé a mi apartamento pero era porque estaba cansada y quería quedarme un rato en casa y salir otra vez. Esta bien, tienes razón: por qué me dejé besar? y es que a caso a quién no le gustan los besos? bueno ahora llámame inmadura pero créeme que sé que no lo soy, o qué esperabas? que actuara como una zorra? a mi no me gusta el sexo casual, no es lo que busco,aunque te haya herido. Ya sé que fué mi error, no debí llevarte a mi casa.

Gracias a esto ahora tengo más claridad, un poco de culpa, me siento un poco miserable pero a la vez mujer y sé que no  quiero tener sexo contigo porque no me gustas como amante, entonces mejor no te me aparezcas porque creo que te volvería a herir, eres inteligente y sé que entiendes las pataletas de una niña como yo, bye...

quiero contar

que vuelvo a escribir luego de hacer catarsis face to face con los que me hicieron daño y ayudaron a que yo misma me lo hiciera. Ya crero que no tengo culpas y menos rencor y que ahora puedo escribir en libertad sin mencionar a nadie para hacerlo sentir culpable sin importar si siente culpa o no pero sabiendo que ese es mi deseo.

Bueno aún no sé qué me gusta más, si contar historias o escribir canciones, lo que sí es cierto es que lo que menos me gusta ahora es mi profesión de abogada, me resisto a ejercerla todavía, es que eso sí me da pereza.

Del resto, hoy tengo que contar que quiero trabajar pronto, sentirme útil, salir de casa 12  horas al día y volver a hacer lo que me gusta.

caperucita roja contada por el lobo

 

El bosque era mi casa. Allí vivía yo y lo cuidaba. Procuraba tenerlo siempre limpio y arreglado. Un día de sol, mientras estaba recogiendo la basura que habían dejado unos domingueros, oí unos pasos. De un salto me escondí detrás de un árbol y vi a una chiquilla más bien pequeña que bajaba por el sendero llevando una cestita en la mano. En seguida sospeché de ella porque vestía de una forma un poco estrafalaria, toda de rojo, con la cabeza cubierta, como si no quisiera ser reconocida. Naturalmente me paré para ver quién era y le pregunté cómo se llamaba, a dónde iba y cosas por el estilo. Me contó que iba a llevar la comida a su abuelita y me pareció una persona honesta y buena, pero lo cierto es que estaba en mi bosque y resultaba sospechosa con aquella extraña caperuza, así que le advertí, sencillamente, de lo peligroso que era atravesar el bosque sin antes haber pedido permiso y con un atuendo tan raro. Después la dejé que se fuera por su camino pero yo me apresuré a ir a ver a su abuelita.

Cuando vi a aquella simpática viejecita le expliqué el problema y ella estuvo de acuerdo en que su nieta necesitaba una lección. Quedamos en que se quedaría fuera de la casa, pero la verdad es que se escondió debajo de la cama: yo me vestí con sus ropas y me metí dentro. Cuando llegó la niña la invité a entrar en el dormitorio y ella en seguida dijo algo poco agradable sobre mis grandes orejas. Ya con anterioridad me había dicho otra cosa desagradable, pero hice lo que pude para justificar que mis grandes orejas me permitirían oírla mejor. Quise decirle también que me encantaba escucharla y que quería prestar mucha atención a lo que me decía, pero ella hizo en seguida otro comentario sobre mis ojos saltones. Podéis imaginar que empecé a sentir cierta antipatía por esta niña que aparentemente era muy buena, pero bien poco simpática. Sin embargo, como ya es costumbre en mí poner la otra mejilla, le dije que mis ojos grandes me servirían para verla mejor.

 

El insulto siguiente sí que de veras me hirió. Es cierto que tengo grandes problemas con mis dientes que son enormes, pero aquella niña hizo un comentario muy duro refiriéndose a ellos y aunque sé que hubiera tenido que controlarme mejor, salté de la cama y le dije furioso que mis dientes me servían ¡para comérmela mejor!

Ahora, seamos sinceros, todo el mundo sabe que ningún lobo se comería a una niña. Pero aquella loca chiquilla empezó a correr por la casa gritando y yo detrás, intentando calmarla hasta que se abrió de improviso la puerta y apareció un guardabosque con un hacha en la mano. Lo peor es que yo me había quitado ya el vestido de la abuela y en seguida vi que estaba metido en un lío, así que me lancé por una ventana que había abierta y corrí lo más veloz que pude. Me gustaría decir que así fue el final de todo aquel asunto, pero aquella abuelita nunca contó la verdad de la historia. Poco después empezó a circular la voz de que yo era un tipo malo y antipático y todos empezaron a evitarme. No sé nada de aquella niña con aquella extravagante caperuza roja, pero después de aquel percance ya nunca he vuelto a vivir en paz.

(Lief Fehar)

 

 

cuando una mujer calla tiene mucho que decir y su silencio ensordece

 

Nunca había sentido tanto la necesidad de escribir, quiero hacerlo pero no puedo porque sé que no voy a parar y dejar de acusar al menos por este rato. Me han violado mis derechos y muchas veces sin justa razón pero entiendo que me estoy cansando y prefiero renunciar a vivir en esta ciudad donde lo tengo casi todo pero menos emociones...

QUIÉN SABE ALGO DE LUCÍA ETXEBARRÍA

HOLA A TODOS. ESTUVE EN UN CONVERSATORIO CON lUCÍA eTXEBARRÍA PERO NO SABÍA NADA DE ELLA POR FAVOR SI SABES ÁLGO DE SUS LIBROS CUENTAME ES QUE QUIERO LEER SOBRE ELLA.

LA NIÑA Y LA SOMBRA

la siguiente es la historia que creó un niño inquieto que no soporta su casa, que se la pasa en la calle y que todos creen que no reflexiona sobre su entorno, es un niño que aunque no vive en la situación de pobreza de la protagonista del cuento siente la necesidad de expresarse frente a una situación que aunque él no lo sabe, le dule. No siendo más esta es la historia que escribión Beto Ortíz:

 

La niña y la sombra

Érase una vez una niña que vivía con su abuelita pero ellas eran pobres, vivían en un pueblo lejano en una casita de barro. La niña no estudiaba, deseaba tener una casa y estudiar en una escuela.

La niña tenía unos amigos y unas amigas que se burlaban de ella porque era pobre pero un día la niña estaba jugando con sus amigos en el patio de su casa y de pronto se le apareció una sombra y le dijo: - niña no te preocupes, dentro de poco podrás tener una vida mejor. 

Pasaron varios días  y la niña tuvo una vivienda, una escuela, un mejor ambiente y una vida feliz al lado de su abuelita y sus amigos de verdad.